lunes, 18 de marzo de 2013

Ética Política








Desde hace muchísimos años el hombre es un ser libre, con capacidad de autonomía, es decir, capaz de comprometerse luego de una libre elección. Esta elección se lleva a cabo como resultado de un conocimiento que define el carácter de una conducta, ya que está vinculado con una conciencia moral que aprueba o desaprueba un determinado acto.

Tanto la moral, como el derecho y los usos sociales, forman parte de un todo mayor: la ética. Hablar de ética es hablar del bien y del mal. La ética no es una abstracción. Cada acto está obrando directa o indirectamente sobre una vida: "Nunca se roba algo, se le roba a alguien".

Somos seres que basamos nuestra evolución en gran parte a ese sentido innato de socializar con los demás, es por ello que el hombre requiere vivir en sociedad política, necesita de los demás para construir un mundo o ambiente propicio en el cual pueda alcanzar la plenitud, ósea, la causa esencial de la felicidad. 

El bien común es el principio y fin ético de la política. Será bueno todo aquello que beneficie, tienda, acreciente o promueva el bien común. Será malo todo aquello que tienda a perjudicarlo, disuadirlo, disminuirlo, etc.

Siendo la naturaleza la búsqueda del bien común, perdería su esencia, cuando se corrompe el estado se desnaturaliza. Corromper, entre otras acepciones posibles, es alterar la forma de alguna cosa; así el estado corrupto ya no tiende al bien común sino que se desvirtúa transformándose al provecho de unos pocos.

Para no mostrar con detalle la historia las relaciones entre la ética y la política,  a continuación se mencionaré algunos de los principios éticos a los que se ha de someter toda actividad política. 

Desde estos principios se obtendrá una concepción integral y digna de la persona que los sustenta, una justificación y revisión de los derechos humanos, y una mayor legitimación moral del sistema democrático. 

1.      Principio de la receptividad: Todo político habrá de ser receptivo a las críticas y quejas de la ciudadanía.

2.      Principio de la trasparencia: Todo político habrá de actuar explicando siempre las intenciones con las que toma sus decisiones.

3.      Principio de la dignidad: Todo político habrá de actuar considerando a las personas implicadas en sus decisiones y nunca como medios solo para alcanzar el poder.

4.      Principio de los fines universales: Todo político habrá de actuar distinguiendo con suma claridad lo que son intereses personales o partidistas, de lo que constituyen en verdad fines universales de una comunidad o una nación.

5.    Principio de servicialidad: En todo sistema de gobierno hay quienes viven de la política y quienes viven para la política. Los primeros se introducen en la vida pública y anhelan los cargos políticos como medios para acrecentar sus arcas particulares; mientras que estos últimos son quienes se entregan a la vida política como servidores de una causa, ven en el acceso al poder un medio para servir a la ciudadanía.

6.      Principio de la responsabilidad: La mayoría de los políticos, cuando acusan a otros lo hacen por «falta de responsabilidad», y cuando se alaban a sí mismos es por haber actuado «por responsabilidad». Conviene distinguir entre responsabilidad moral, política y penal. Aunque simplificando, la última la delimitan los jueces, la segunda los parlamentarios o partidos, y la primera, además de estos, la ciudadanía y los medios de opinión. 

Invito a considerar cuales de estos principios son aplicados en la actualidad. Debe resultar evidente que la política carece de ética ya que en mi opinión son muchos de estos principios los que no son tomados en cuenta desde hace varios  años por los distintos dirigentes políticos.

La ética política debe orientarse en fundir tales principios, cotejándolos con las dinámicas de la vida pública, a fin de comprobar si esta se deja o no valorar por ellos. Con ambos objetivos la ética política podría contribuir modestamente a la revitalización moral del sistema democrático y, por ende, a una mejor defensa de la dignidad de la persona, siempre amenazada por la corriente del poder y la corrupción.

Es increíble cómo la indiferencia individualista ha llegado a atrofiar nuestros más profundos sentimientos, cómo nos ha llevado el egocentrismo a disimular y a enceguecernos frente a aquellas personas que necesitan y suplican de una mano que las ayude, que les sirva de guía.

Me parece oportuno destacar que la ausencia de la ética política, no es más que el reflejo de una sociedad que también se ha perdido. Al fin y al cabo, los hombres de la política, forman parte de la sociedad a la cual representan y dirigen.

Para concluir,  me gustaría dejar la siguiente interrogante: ¿Pudiera surgir aunque sea una minoría dirigente inmune a tan peligrosa enfermedad como lo es la corrupción, la ambición al poder y lo peor de todo, la indiferencia? Considero que muchos debemos comenzar el cambio desde casa,  y dejar surgir desde allí,  aquellos con verdadera vocación política.

Es imposible pensar que puedan surgir de sociedades ya corruptas y desnaturalizadas, que no saben de dónde vienen ni adonde van, que han olvidado su pasado y no tienen visión de futuro, en donde la hermandad es una palabra cada día más en desuso ya que cada cual busca sobreponerse al prójimo en vez de mancomunadamente buscar la mejora para todos.
                                                                                                                         
                                                                                                                       ALIDA C. TURMERO H.


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