jueves, 19 de abril de 2012

Inteligencia Emocional



Inteligencia Emocional

Si tuviera que poner un número a mi capacidad emocional creo que seria uno muy alto y es que como muchos apasionados por las artes me permito sentir intensamente cada emoción de mi vida, tanto que a veces es difícil controlarlas. Sin embargo, durante mi desarrollo personal y profesional he aprendido que a fin de alcanzar el éxito debemos saber manejar nuestras emociones; cuando hablo de manejar no me refiero a reprimir, me refiero a canalizar.

En la vida hay situaciones que nos producen emociones extremas: muerte de un familiar cercano, rupturas amorosas, logro a nivel laboral, llegada de un hijo a la familia, enfermedades, entre muchas otras. Todas ellas pueden afectarnos tanto mental como físicamente sino aprendemos a manejarlas a tiempo.

El término inteligencia emocional se refiere a la capacidad humana de sentir, entender, controlar y modificar estados emocionales en uno mismo y en los demás. Se trata de ampliar la noción de inteligencia incorporando las habilidades emocionales a las racionales.

Una persona inteligente emocionalmente es capaz de reconocer sus propias emociones, distinguir ese sentimiento en el momento que aparece, diagnosticar el desencadenante y las causas. Conocerse a sí mismo es el primer paso que debemos dar para empezar a gestionar nuestras emociones.

Al mismo tiempo debemos ser capaces de manejar los sentimientos, controlar los impulsos hacia un objetivo y evitar que estos afecten nuestra vida cotidiana ya sea a nivel personal o profesional. Un ejercicio que puede ayudar a controlar las emociones es empezar a limitar la duración de las mismas. Preguntarnos ¿Cuánto tiempo mas voy a estar molest@ o triste? La decisión es nuestra, pasar un minuto, horas o semanas permitiendo que un sentimiento afecte nuestras vidas y las de nuestro entorno (familiares, pacientes, colegas) está en nuestras manos.
La capacidad de automotivarnos con las emociones también refleja nuestro nivel de inteligencia emocional. Entusiasmarnos y ser felices con lo que pasa en nuestras vidas depende de nosotros y de la forma en que interpretemos esos acontecimientos. Para los médicos, la muerte de un paciente puede traer sentimientos de tristeza, rabia, temor, frustración pero también puede traer la tranquilidad y la satisfacción de saber que como profesional de la salud hizo todo lo que estaba en sus manos para salvarlo y que simplemente la muerte es parte de la vida. Cito a Mihaly Csikszentmihalyi cuando dice: “Como nos sentimos, la alegría de vivir, depende en último término directamente de cómo la mente filtra e interpreta las experiencias cotidianas.

 Si somos felices o no depende de nuestra armonía interna”

Ser empáticos con las emociones de los demás, interpretar su lenguaje corporal, entender sus emociones y respetarlas también forma parte de ser “inteligente emocionalmente”. Tener la capacidad de ponerse en el lugar del otro y permanecer atento a su emoción sin permitir que esta afecte nuestra vida parece difícil pero la empatía es sumamente importante a la hora de desarrollarnos como profesionales de la salud.

Debemos sensibilizarnos ante las emociones de nuestro pacientes y acercarnos a ellos, esa cercanía nos permitirá tener una mejor relación y nos hará no sólo mejores seres humanos, también nos hará mejores profesionales.

De alguna manera, en un determinado momento de nuestras vidas todos tenemos o hemos tenido fallas al gestionar nuestras emociones, lo importante es poder detectar nuestras debilidades y buscar el cambio que evite que estas sigan afectando nuestras vidas y nuestro desarrollo.

Por eso, a todos los que día a día me enseñan a ser más inteligente emocionalmente, gracias.

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